martes, 14 de marzo de 2017

La visita inesperada

Como ha de ser, esa visita, esa, la inesperada, la que tarde o temprano siempre llega; siempre inesperada, inoportuna, despiadada y eficiente. No sé de dónde viene, ni si viene porque quiere o porque la manda alguien de poder. No sé si es bendita o maldita; pero dolorosa siempre.
Cuando niño pasó por mi casa, tal vez venía a arreglarse con los más viejos, como debería ser. Bueno, al parecer se equivocó, y lo hizo con el más joven, mi hermano de cinco meses. La verdad no sé como funciona, si mi hermano la siguió porque iba a un lugar mejor o sencillamente lo secuestró, es esa incertidumbre la que hace la diferencia entre la felicidad y el dolor de uno en relación a quien ya no estará.
Lo que sí sé, y de la peor manera -a través de la experiencia- es que yo, hijo mayor, y como corresponde en estos casos, casi marido de mi madre, vi su alma estallar en pedacitos, y la mía también, por supuesto; almas que nunca más volverían a pegarse de la misma manera, y si creen que es doloroso el momento de partida del ser querido, no se imaginan la intensidad de éste, al momento de rearmar la vida, penoso y lento, y no lento de despacio, sino lento de eterno.
Aproximadamente 19 años después, aquella visita pasó nuevamente por casa y nuevamente se volvió a equivocar, en aquel momento, con mi hermano de 17 años, quien creo que sí acordó con esa figura foránea para acompañarla, porque se había escapado tantas veces de ella que a la fuerza sé que no se lo llevó.
Y vi nuevamente el alma de mi madre junto a la mía estallar, nuestras vidas sufrieron tanto con eso, la de ella más que la mía, que prefiero no tocar este tema, ni mucho menos pensar que puedo consolar a alguien que pase por lo mismo, quizás por cobarde, por no querer remover los fragmentos de recuerdos, de malos recuerdos.
Quizás porque es tan poco lo que se puede aportar a las almas estalladas de los padres por la muerte de un hijo, que me parece grotesco decir lo siento. Espero que comprendan que es mi forma de ver la muerte, la única mía. Como cada quien tiene la suya... o la tendrá cuando lo visite ella.


EL PRETEXTO
Hoy cuando las nubes comienzan a posarse sobre mi cabeza, mi conciencia bebe de un nivel más profundo de las corrientes de sabiduría de la vida. Hoy ya las ideas han trasmutado, mi madres es mi amiga, mi esposa es mi confidente, mis hijas son mis conductoras, ya el sexo se desenlaza del amor para ser placer y el amor para ser amor, no hay nada feo, y pocas cosas aún quedan como malas, que me imagino irán también ubicándose en una escala más neutral.
Entre esas cosa aún malas para mí está la muerte, irremediable, dolorosa, improgramable, pero sobre todo impostergable. Morir es no existir, es desvanecerse, es pasar a otra dimensión, y no hablo la del cielo en lo que yo creo, hablo para los incrédulos, hablo para la ciencia, energía: ni se crea ni se destruye solo cambia de forma; es una especie de sinónimo de la reencarnación de los budistas y la resurrección de los cristianos.
No existir no está en nuestras manos, sería como pensar que podríamos detener el amanecer, detener la primavera, detener el bien o el mal. Si morimos de ancianos o si morimos accidentalmente nos parece ajeno a nuestra voluntad, porque aún lado espera ella, la misma que nos acompaña toda la vida, se va y vuelve. La que vigila que uno no deje la cosa antes, y lo salva, y lo vuelve a salvar, hasta que llega el instante.
Igual pasa si uno cree que puede quitarse la vida o quitársela a otro, no, no existe ese poder en uno, igual es ajeno, es su decisión la de ella, igual es su visita, todo es un pretexto, es una forma de explicar lo que no entendemos. Venimos perseverando desde que no eramos, buscando la bocanada de aire, yendo sobre la mamada, el mordico o el sorbo, deseando la carne y aferrándonos a las ideas para vivir. Hasta el ser menos inteligente del planeta vive porque vive, respondiendo a la orden divina. Cuando ella llegue nos vamos, y nos iremos sin más ni más, mi madre dice: "Estamos prestados" la verdad que no lo sé. Morir es la verdad como pasa es un pretexto.

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