lunes, 13 de septiembre de 2010

CON FANTASÍA U HONESTIDAD

Por: Alí Izaguirre


No sé de qué me vayan a tildar, al comentar mi reflexión sobre las madres y su día, pienso que está bien elegir una fecha para resaltar el valor de esa condición, porque ser madre es una condición de las mujeres que obtienen al parir o criar hijos, porque no sólo es el hecho de parirlos, ya que en dónde dejamos a las mujeres que no pueden parir, pero adoptan un niño, ¿será que a estas últimas se les puede conferir el título de madre?, porque también hay aquellas que por una razón u otra parieron, mas no crían a sus hijos. Total, esto me confunde, y en definitiva asumo que madres serían, entonces, las que crían y las que paren.

Hasta ahora en cualquiera de los casos comentados, el determinante de dicha condición es el hijo, al cual rara vez, me imagino, se le pregunta si quiere venir a este lado o a otro del mundo, y ser educados impositivamente por tal o cual mujer, normalmente haciendo lo que ella considera bueno sin importar que al hijo le guste o no, ejemplo: bañarse, comer de alimentos como auyama, coliflor, berenjena y pare de contar; levantarse temprano para ir a clases, o sea que no sólo se conforman con traer a este desvalido ser a una incomprensible dimensión, que la mayoría de las veces mueren sin haber entendido su existencia, sino que obligadamente tiene que gustarle, aprenderla y aparentar que todo marcha bien.

¡Si hablamos de como torturan a los niños!, con la insistencia de ponerse los zapatos, colocarse la corbata, peinarse. Los regaños no sólo para que vayan a la escuela, en vez de llevarlos a un parque o dejarlos en la casa viendo televisión, sino, también para que aguanten a un ser instruido, -la maestra, especialistas en torturas aceptadas por la sociedad- para modificar mentes de jóvenes que permanecen confinado en limitados claustros, sentados en duros puestos de madera durante horas, a quienes no se les permite, hablar, dibujar en sus libretas temas propios, lanzar avioncitos mientras sueñan con volar, comer sus golosinas o pasarse notas de amor, entre otras; torturas tales como: las tablas de multiplicar, operaciones con fracciones y las reglas ortográficas, ¡y ni hablar de las vocales!, y eso es todos los días, de lunes a viernes sistemáticamente, encomendando a través de notas en los cuadernos, a las madres para que se afinquen con premeditación durante los fines de semana, método eficaz para ir moldando estas víctimas, para que en su estado de adultez sean tan estoicos como sus progenitoras.

Cuando los hijos, ya comienzan a descubrir las pocas cosas de la vida que les agradan, ahí está ella, para prohibírselas o por lo menos criticarlas, tal es el caso de la masturbación, los noviazgos, el licor, la marihuana, el maquillaje, las rumbas, el rock y por ahí, hasta que ya no se desee o se minimice su disfrute. La máxima, es –masoquista- encontrar placer en el esfuerzo, el sacrificio, las inhibiciones y más, según el protocolo maternal.

Hoy hombres o mujeres que atravesaron por ese rumbo que las madres les impusieron, terminan siendo algo parecido a ellas, me imagino que es lo que llaman cadenas o transferencias generacionales.

Yo no escapo de este escrito, pero en descarga de las mamás confieso que en un sueño Dios me contó que por más esfuerzo que dispusieran para modificarnos, ya veníamos pre-moldados, lo que quiere decir que toda la culpa de lo que somos o no somos, no es de ellas.

Finalmente lo primero que le regalaré a mi madre, los segundos domingos de cada mayo, es mi perdón por lo antes expuesto, mi reconocimiento a su entregada y sagrada misión para convertirme, el eterno agradecimiento por las herramientas con que hoy inútilmente trato de moldar a mis hijas y, por lo que ningún hijo puede negar: la inmensa tolerancia, compasión y ternura brindada por ellas. Algunos llaman a todo esto amor de madre.

La forma sarcástica con la que he manejado este tema, ha sido simplemente para que seamos más honestos y menos fantasiosos con el sentimiento que profesamos por alguien tan especial, como lo es la mujer que nos parió y crió. Un ser humano como todos, con sus errores y sus aciertos, esperando saber que no nos comimos el cuento del Niño Jesús ni el de la cigüeña, esperando saber que le amamos por lo que es y no por lo que soñamos que fuera, que no es una heroína, que no fue una misión extraordinaria, sólo hizo con intuición lo que la naturaleza le ordenó, ya que venimos a este mundo sin ningún manual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario